20180624

La última puerta

Llegue a ella sin saber cómo, luego de años de ceguera donde creía  haber  alcanzado la iluminación. Me pensaba libre de candados, secretos y muros a mi alrededor. Sin embargo más pronto que tarde las primeras paredes de espinas se alzaron entorno a nosotros, encerrándome sin saberlo en un laberinto espiral infinito que me absorbió en su interior sin que pudiera ya entonces determinar mi ausencia de libertad. No sabía hace cuanto tiempo que ella tenía la llave, no sólo del cofre escondido en el último resquicio de aquel amurallado e impenetrable recinto imaginario, sino también de mis propias cadenas que me aferraban a ese laberinto.
El tiempo pasó y de la mano deambulamos, yo creyéndome libre y ella intuyendo los bordes de mi propio encierro, hasta que entonces luego de años de vagar y habiendo olvidado ya aquel ansiado tesoro, ella abrió la caja de Pandora.
Desató los peores miedos, el dolor y el llanto. Se escaparon de su encierro los monstruos que me había enfrentado, así como también sueños que jamás había osado siquiera atisbar en mi mente. Ella sin embargo tomándome de la mano, señaló el fondo de aquella caja vacía y me dijo:
-No todo está perdido, la esperanza que has guardado todo este tiempo aún está allí, anhelante. Quizá sea hora de empezar de nuevo.
Descarnado por los terrores, temblando por el frío de las más crudas verdades la mire a los ojos y la esperanza brillo en ellos como en los míos. Sonreí secándome las lagrimas con el dorso de una mano áspera y torpe.
-No sabía cuánto tiempo había esperado por esto, debí entenderlo desde el primer momento en que nos encontramos.
- Yo si lo entendí y lo supe todo este tiempo, por eso he esperado este mismo instante con toda paciencia.- me dijo ella devolviendo la sonrisa y abrazando los despojos de cuerpo que aún quedaban aferrados a mi existencia.