20070422

Espejitos de colores

Llovia, como la noche en que Kanco habia aribado a la gran ciudad de las ilusiones. Sin embargo ya no le deslumbraban las luces bajo la humeda cortina. Tampoco le costaba respirar el agobiante aire de la llanura. Lo unico que se repetia ademas de los chubascos de aquel 2 de enero, eran sus deseos por regresar. Otra vez sentia que Buenos Aires lo rechazaba, lo escupia hacia el interior discriminandolo.
Cuando Kanco llego a retiro desde su tierra natal, traia una intensa lucha dentro suyo. En Salta habia dejado todo: su familia, su noviecita de 15, a la cual tuvo que encomendar a su suegra para que no lo siguiera. Pero más que nada habia dejado su pasado. Tardo en en comprender esto ultimo, pero la vida ya la habia demostrado que era demasiado tarde. Pero las promesas de la ciudad capital valian el precio por aquel entonces en sus jovenes 17 años y por eso renuncio a todo para llegar hasta lo que creia que seria su cima.
Su madre considero una terrible ofensa la ferrea decision de su primogenito, al limite de sentenciarle las palabras tan duras, como su rostro gastado por el viento, que siempre acompañaran al paisa.
-Cuando cruces el umbral habre perdido un hijo...
Claro que tenia razones para estar asi de dolida. Ya que sabia que lo que más ocupaba la mente de su hijo no era las grandes oportunidades laborales de la metropoli, sino más bien la libertad casi libertinaje que alli se permitia. Para peor se iba con Emilio, el hermano de su padre que vivia alla con dos hijos de la primera esposa y uno de la cuarta. Los primos de Kanco le habian metido la idea en la cabeza el verano pasado que se habian aparecido sin aviso por el rancho. Ellos le mostraron y le contaron sobre la diversion de Buenos Aires y la vida facil, el compró los espejitos de colores a un precio que no entendia. Asi el joven movido por la sangre como si fuera mas hijo de su tio que de su padre en menos de un año planeo el viaje. Dejo su casa abriendo una herida en la tierra de sus ancestros que ni todo el dinero que envio para ayudar a su familia jamas pudo cicatrizar.
Las cosas no fueron faciles en un principio, los planes para entrar en la Federal, quedaron en habladurias de Emilio. Tuvo que salir ala calle a pelar con los yupis trajeados y los "te llamamos". Mas eso no fue lo más duro, sino que su propia adaptacion a los usos y costumbres de los porteños le costo lo unico que habia traido en el equipaje del alma: su identidad.
Se cambiode nombre, adopto latiguillos tipicos e la junvetud, como pudo se actualizo el vestuario con cuanta moneda rescataba de lo que sacaba en la changas varias de los primeros meses. Hasta que por fin pudo viajar en rten sin que lo miraran con resquemor y preguntar las calles sin que lo llamaran paisano. Pero de todas formas, como una maldicion o enraizamiento de lo que era, jamas pudo cambiar su forma pausada y acentuada de pronunciar las plabras, ni la ceremoniosa forma de matearlos domingos por la tarde escucahndo las desventuras futbolisticas de su club de la infancia.
No se daba tiempo a la nostalgia, por eso, quiza esa sensacion de ser paisano de otro monte, tardo casi un año en volver a surgir como un rio de deshielo que irrumpe a borbotones violentos destrozando el alma con cada marejada.Y no fue por propia decision, sino de la mano de la desgracia que le golpeaba cruelmente en la cara para que no olvidara nunca nada. Su padre, el gringo para los amigos, habia fallecido despues de 54 años de ponerle la cara al sol hasta la ceguera y de gastarse las manos entre lso cañaverales. De disgusto diria su madre y de amargura pensaba su tio. Lo cierto es que la noticia le laceraba la frente escribiendo con letras bordo la palabra traidor.
Por todo eso el alma del paisa esperaba agitada la partida del larga distancia que lo acercara a su sufrimientoy la nostalgia peleando con la culpa le nublaba la vista negandole ver más alla.